20090818

Sea Salt...

Hagamos un recuento.

La vida en esta isla camina como si el tiempo no existiera. La calma que viene del mar evita esa locura de los hombres por querer comerse cada minuto.


Aquí, como en la mayoría de la provincia mexicana, no hay prisas, las cosas tienen un ritmo distinto, la gente tiene su propia cinética, el aire no huele a polución, huele a sal de mar.


Llegamos aquí casi por accidente. Uno de esos caminos bifurcados sobre los que escoger tu ruta es un azar, casi un volado.

Después de vivir casi como un lobo, anhelando el frío (que simplemente jamás regresó a la ciudad), nos dio la bienvenida un golpe de calor de 35° C. Cualquiera diría que eso fue un cálido recibimiento, sin embargo yo nunca he sido demasiado amigo del calor, así que me toca hacer las paces y aguantar, sacar mi piel de lagarto y dejar que mis pigmentos africanos recubran esta piel de ceniza.


Esta ciudad no es una ciudad en el sentido en el que todos estamos acostumbrados cuando hemos vivido en metrópolis como el D.F., Guadalajara o Monterrey (o cualquiera otra del mundo). Ésta es una típica ciudad de provincia, casi podría decirse que es un “pueblote”. Los trazos de sus calles y los tipos de construcciones así lo dejan ver. Pero es un lugar que tiene su propia belleza.

Ciudad del Cármen es una ciudad que es parte de una isla, existe entre las verdes aguas del Golfo de México (por ello la llaman “La Perla del Golfo”) y la Laguna de Términos; rodeada de pantanos, manglares.


Vivir aquí es la mejor solución para olvidarte de lo terrible que es el stress citadino. El paso de los días se te va desvaneciendo. Hasta que llegué aquí no me había dado cuenta de qué tan rápido puedes envejecer, en tan poco tiempo, agobiado por la vida capitalina. La ciudad carcome tu alma y tu cuerpo, lo corroe, te vuelve su monstruo.

Sin embargo, la ciudad es maravillosa, no deja de tenerte a su merced como el canto hipnótico de las sirenas; aunque al verte al espejo descubres que, tarde o temprano, siempre hay un momento en el que dejas de ser tú mismo.

Llegamos a este lugar y no puedo decir que no, HEMOS SIDO FELICES.


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