tres horas después sigo aquí, varado en el colmo del absurdo... sin teléfono, sin dinero, sin aire, sin poderme mover... enviando pretendidas ondas psíquicas al aire de la noche que va cayendo... imaginando si tarde o temprano habrá alguien que termine por escucharlas o esperando a que aparezca, de en medio de la nada, esa cara conocida que no has visto en años y quien ahora terminará por sacarte de aquí... riendo, por supuesto, de semejante estupidez...
pero no...
respiras cientos de millones de partículas de dióxido de carbono mientras te vas quedando ciego... nadie pasa... nadie para... nadie mira... a nadie le preocupa... el tipo del auto delante del tuyo jamás llega y no te puedes mover... esperas... ríes de tu propia estupidez... la tierra se abre debajo de ti... una luz negra resalta el color de la luna llena mirando por encima de tu hombro izquierdo... carminada y efímera como un gran ojo de sangre...
pero no...
respiras cientos de millones de partículas de dióxido de carbono mientras te vas quedando ciego... nadie pasa... nadie para... nadie mira... a nadie le preocupa... el tipo del auto delante del tuyo jamás llega y no te puedes mover... esperas... ríes de tu propia estupidez... la tierra se abre debajo de ti... una luz negra resalta el color de la luna llena mirando por encima de tu hombro izquierdo... carminada y efímera como un gran ojo de sangre...