:: La Sonrisa al Otro Lado del Universo (second stage) ::



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El sabor acre en la lengua me comenzó a indicar que iba hundiéndome poco a poco en el sueño, la criogenia suele ser un verdadero dolor de cabeza, pero es la mejor forma de permanecer silente y pasar desapercibido a través de las rutas poco transitadas en la que hemos vagabundeado los últimos años luz Alice y yo. Con el proceso los pensamientos comienzan a vagar sin sentido, se mezclan las percepciones, las visiones y alucinaciones no son raras. Solo es cuestión de cerrarlos ojos, como siempre y dejar que la calma se hunda en ti. Pocas son las palabras que me quedan, el silencio se ha ido comiendo mi memoria y mis recuerdos.  Sólo quedan algunas imágenes que se repiten como ecos entre los laberintos de mis extraños sueños.

Algunas veces, aún, logro retener un poco antes de que la vigilia termine y se oscurezca todo una vez más.

Un día de hace muchos, como para no recordarlo con precisión, conocí inadvertidamente a una niña...  ¿o era una mujer?  No lo sé.  Ahora es más como un espejismo, una de esas invenciones que atrapan tu mente cuando la debilidad del alma aqueja.  La recuerdo más como una sonrisa amable que cualquier otra cosa.  En medio del caos, del enojo, de la incomodidad, de la burla inexplicada, del reto mezquino de la multitud, esa sonrisa permanecía en calma, imperturbable, asombrada, pero con confianza.  En ese momento lo que veía brillar era un alma estoica verdadera y no pude percibir la grandiosidad de ese instante.  Incluso ahora que las arenas del tiempo deberían haberlo borrado ya del universo.

Mas no fue así.  El brillo de esa sonrisa volvió a tocar mi corazón y la debilidad de mi espíritu una vez más.  Navegando silenciosa entre las mareas de la eternidad, alzó su mirada impecable e intentó iluminar el camino de nuestras huellas para que volvieran a coincidir.  Logró hacerlo por segundos, pero el monstruo escondido detrás de mis ojos me arrastró hacia el vacío y el olvido nuevamente.

Además de su sonrisa, aún puedo sentir su aroma, muy ligeramente ondula entre el recuerdo como una nota que es difícil dejar de escuchar.  Sin embargo, no puedo entender cómo es que lo sé.  Se siente como ella, irradia un aura similar, vibran igual.



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Un tiempo que creó algunas cicatrices en mi, las cuales marcaron de una forma muy profunda mi vida o lo que comenzaba a crecer dentro de mi, fue ese que transcurrió de niño, mientras estudiaba el grado medio en la academia de ciencia en Aldebarán; principalmente el último año.  Ese año fue definitivo en muchas cosas.  Las alucinaciones comenzaban a tener un patrón más constante y formaban grupos que me conducían, de repente, por nuevos caminos, nuevas sensaciones, nuevas circunstancias.  Recuerdo haber hecho en esos días una especie de carta con algunas predicciones sobre lo que vendría en el futuro inmediato para mi; algunas de ellas resultaron volverse ciertas, por inexplicable que pudiera ser. Llenaba la gran parte de mis horas libres con historias de ciencia ficción, de naves espaciales, de fenómenos paranormales, de cualquier cosa que oliera a extraño, a oculto, a prohibido. El universo era el sueño de una ilusión que sólo era una risa, la broma graciosa de un niño con demasiada imaginación. Sin embargo, lo que deseaba en realidad, muy en el fondo donde sólo podía hablar conmigo mismo, era ver algo extraordinario, algo que realmente me mostrara que había algo más allá de esta simple percepción que en ese tiempo ya no me satisfacía. Y entre todas esas historias extrañas y sobre la oscuridad, los caminos comenzaron a bifurcarse hacia sombras aún más desconcertantes.


En esos días mis pensamientos y deseos no vagaban hacia ningún lugar, nunca he sido una entidad de grandes proyectos o planes.  El deseo inmediato, el hedonismo, la misantropía, la soledad, el silencio, han sido mis estigmas y mi forma de ir encontrando los hilos que tejen parte del entramado de esto que solemos llamar realidad.


Y así fue que una de esas mañanas, mientras la mayoría de los niños en la academia se dedicaba a saborear los diversos alimentos de su almuerzo, un pequeño grupo de otros niños revoloteaba entre la multitud buscándome o escondiéndose de mi, no era claro.  Uno de ellos era Rubo, él es lo que en ese momento alguien podría haber definido como mi mejor amigo, al menos a los ojos de él. Y no es que yo no lo apreciara, no; simplemente había momentos en los que no quería cargar con su imperiosa necesidad de querer abrazarme siempre, ni con su inseguridad hacia las mujeres, ni con su eterno enamoramiento por Loren, una compañera del mismo grupo de la que estaba absurda y ciegamente enamorado.  Otro de ellos era Jorx, un tipo detestable en verdad, mal hablado, descarado con algunas chicas, todo un caso, pero un tipo muy interesante. Por ahí corrían los dos ocultándose entre la multitud que inundaba el patio de la escuela.

De repente llego Rubo más amistoso de lo normal abrazándome por la espalda y empujándome hacia la explanada. Como si fuera a intentar escapar de algo, de igual manera Jorx se acercó corriendo y también me aprisionó mientras iban ya prácticamente arrastrándome y empujándome entre los demás niños hacia algo que evidentemente no podía ser bueno para mí de manera alguna. Bastante estaba ya acostumbrado a sus recurrentes bromas que iban subiendo cada vez más en osadía y perjuicio. Sólo faltaba que llegáramos a los golpes, aunque en realidad eso también estaba no muy lejano a suceder.

Así, en medio de una mañana, muy lejana de aquella en que buscaba desde pretextos para poder ver un eclipse sin ser reportado, lo que me esperaba no era una broma pesada y violenta que me haría perseguirlos y golpearlos por toda la escuela, no. Era algo para lo que definitivamente no estaba preparado. No tenía la más remota idea de lo que estaba por suceder. Pero al igual que si hubiese sido un eclipse, el universo me tenía preparado uno de los instantes más extraños y peculiares de mi vida.

Justo en medio del patio se abría un vórtice cuántico que golpearía durante muchos años los rincones del infinito hasta regresar nuevamente como un eco disperso en el entramado del espacio-tiempo para golpearme, una vez más. Ahí, como una imagen difusa que está frente a ti pero que no logras enfocar, o relacionar correctamente, se encontraba sentada una niña que todos conocíamos pero que no encajaba en el cuadro. Ya habiendo dejado de resistirme volteó Rubo y me dijo: “Aguanta, no te vamos a hacer nada, tú solo ven.". En ese momento tomó uno de mis hombros y me empujó justo al lado de la chica, que parecía justamente estar esperando algo, nunca supe si ese algo era yo, pero era obvio que ellos le habían pedido que esperara ahí con algún pretexto, Jorx era especialista en ese tipo de cosas.

Al ser empujado y terminar sentado junto a ella no tuve más opción que disculparme e intentar levantarme, jamás presté atención a quién era. Rubo me sentó con su fuerza una vez más y, mientras se alejaba con una enorme y molesta sonrisa en la cara, me gritó lo más potente que pudo: “¡¡¡AHÍ TE DEJO PARA QUE PLATIQUES CON ELLA, NO PUEDES DEJARLA AHÍ SOLA!!!" Dicho eso se escabulló entre las decenas de niños corriendo por todos lados y se perdió de mi vista.

Apoyé las manos en el escalón superior de los tres o cuatro bloques de fibro plástico que conformaban parte del asta bandera de la academia. Ese había sido el lugar estratégico que habían escogido para esta inaudita broma. Me senté lentamente y fue hasta ese momento que alcé la vista y con gran sorpresa vi que, lo que me esperaba ahí, era una hermosa sonrisa que irradiaba una calma que comenzó a hacer que me tranquilizara y perdiera la noción de lo que estaba sucediendo. No puedo decir que me haya enamorado de ella o que me haya cautivado, no, sólo comenzó a hacer que me calmara y fuera tomando control de lo que pasaba. La circunstancia era algo más que apremiante.

De reojo, pude ver cómo aparecían Rubo y Jorx por los pasillos del primer y segundo piso del edificio y comenzaban a gritar y a señalar hacia el lugar donde me encontraba sentado con la niña. La respuesta de los demás no se hizo esperar y de pronto, en un segundo que pareció estar congelado en el tiempo, al girar alrededor la mirada, todos en los pasillos del edificio y en el patio miraban hacia nosotros, en tanto la furia me anegaba y una ola de susurros comenzaba a inundar mi cabeza. Alcé la mano para señalarles que pagarían con sangre y volteé hacia donde la niña seguía inmutable en su extraña y hermosa sonrisa. Algo había en ella que parecía como si resplandeciera, alguna magia desconocida para mí en ese entonces.

La niña se llamaba Mara, sí, justo así como cierta canción que todos conocían por esos días, Mara Patrix. Nunca imaginé cómo ese par de nombres me habrían de perseguir y terminarían formando muchas de las piezas del rompecabezas en que se convertiría mi existencia. Igual que tantos otros.




The history of a young heart


Ella era una persona seria, una niña muy inteligente, una de las dos mejores de la clase, reservada y mesurada en sus comentarios, en resumen una niña muy bien educada. Era claro que su especialidad serían las inteligencias artificiales o los sistemas de comunicación interestelares. No era el tipo de basura con la que yo había terminado entablando una amistad conveniente.

Dos de esos desheredados que nadie quería demasiado, que nadie tomaba mucho en cuenta o que, incluso, consideraban desagradables eran precisamente Rubo y Jorx. Lo irónico de esa amistad era que no intentaba tomarla demasiado en serio, pero terminó siéndolo un poco. Era siniestro y decepcionante tener que intentar ser amable cuando no me interesaba. Mi intento anterior de amigo había sido justo un rarito y afeminado niño que era bastante inútil, al cuál marginaban por eso; además de la pequeña salvedad que cuando hablaba parecía un poco tonto. Se llamaba como yo, así que por esa razón comenzó a acercarse a mi hasta terminar diciendo que yo era su mejor amigo. Tenía una mamá guapísima, una rubia alta con una sonrisa deslumbrante, no dudo que quizá hubiera sido modelo, una mujer muy amable siempre. Así que, con esos genes en la sangre y, gracias al inicio de la pubertad, aquel pequeño y débil niño friky había terminado por irse volviendo un bello cisne rodeado de la mitad de las niñas del salón. Un niño guapo, tonto pero tierno, decía su séquito; rico, hijo de un senador del consejo Galáctico de este cuadrante; y contra el que, cualquier poder del inframundo o talento que yo poseyera, nada tenía que hacer. Mucho menos en ese incesante y distópico vértice de hormonas en que se estaba convirtiendo toda la academia.

Yo había ido alejándome de aquel niño poco a poco, acabar en grupos separados había ayudado a sepultar ese capítulo; pero ahora tenía uno nuevo escribiéndose de una forma demasiado vertiginosa y extraña al lado de estos otros dos. Teníamos ya varias decenas de historias compartidas con las que llenar muchas páginas, pero esta última sería el punto de inflexión necesario para desatar un pequeño caos que se escondía entre susurros tras las sombras.

Pregunté a Mara qué le habían dicho para llevarla ahí, dijo que Jorx le había pedido muy amable que lo acompañara porque yo tenía algo importante qué decirle, así que había accedido a acompañarlo. Asentí dubitativo y con la presión de las miradas y los murmullos nublándome un poco. No sabía cómo reaccionar, qué hacer. Mi mente y mi mirada permanecían en blanco pero ella era inmutable con esa sonrisa.

Le dije: “Tienes que disculparlos, son unos niños. Nos hemos estado haciendo bromas muy pesadas últimamente, así que para ellos esto es su intento de hacerme una broma molesta. Por mi que hagan lo que quieran, lo que no se vale es que involucren a otra gente, menos siendo alguien con quien no nos llevamos de esa manera. Perdón, creo que también notas que todos nos están mirando. ¿Te parece bien si mejor nos vamos al salón y ya así dejan de molestarte?"

Ella dijo que si, y nos levantamos caminando lentamente hacia las escaleras del edificio para subir al aula. Cerca de las escaleras, a la izquierda, en su habitual rincón de hienas, Loren y su comitiva nos seguían con ojos desorbitados. Muchos rostros conocidos sonreían y gritaban bromas o halagos desde los pisos arriba. Al acercarnos al salón el infierno nos dio la bienvenida entre más sonrisas y miradas curiosas. Entramos y me dirigí hacia mi escritorio, ella me seguía a permanecía al lado mio, exactamente igual de inmutable, con esa tranquila y extraña sonrisa.

Por alguna razón, ese día mi escritorio y los que lo circundaban estaban vacíos. Cualquier otro día habrían estado ahí, en comitiva, Bitrix, Rox, Uri y los demás que solían acompañarlos en su grupo. Nadie. Todo parecía mas calmado, las miradas y los murmullos habían cesado, o eso creí. No recuerdo nada de las palabras que cruzamos desde ese momento, había algo incómodo en el ambiente, ella hablaba y contestaba con una familiaridad que yo no lograba dilucidar. De repente sonreía, como si en realidad estuviera emocionada de estar ahí a mi lado, como si de verdad se estuviera divirtiendo, y al hacerlo además de brillar extrañamente de nuevo, una tierna oquedad se dibujaba en cada una de sus mejillas dándole un aspecto demasiado encantador, demasiado tentador. Era la presa perfecta para un incipiente cazador que aún no era consciente de su fuerza, ni de su destino. El camino de los locos suele ser también el de la ceguera, un camino sin luz.

Todo simulaba ser perfecto, como largas tomas de paneo a cámara lenta de esas como de filme viejo de la Tierra; una película de Sergio Leone, pensé. Su movimiento era suave, su aroma había vuelto a percibirse, charlaba animada, pero algo no estaba bien, eso a lo que aún no había despertado se mostró de forma brutal frente a mis ojos y sentí cómo la sangre de mi cuerpo se volvía hielo puro. Entre las cosas que seguramente platicábamos jamás noté cómo, uno tras otro, todos en el salón se habían ido acercando y ahora formaban ya un semi círculo desde donde miraban embelesados lo que sea que estuviéramos charlando. Algunas de las niñas en la puerta comenzaban a llamar a los que iban cruzando por el pasillo.

Y así, en medio de una calma que se había vuelto caos, atronando con las palmas en lo alto y a voz de guerra, comenzó a levantarse cada vez más alto y con más personas el grito tribal que puso el punto final a todo

Uno tras otro se acercaban empujándose a sí mismos y también a nosotros logrando que estuviéramos ya demasiado cerca. En medio del frenesí que se había generado y que ardía cada vez más, gritaba alguien por un lado: “ya, no te hagas del rogar." Todos vitoreaban. Por el lado opuesto otro sugería: “mira, hasta le brillan los ojos, no la puedes dejar así." Las risas llenaban como truenos el aire y regresaban con el grito tribal: “¡¡¡beeeso, beeeso, beeeso...!!!"

Yo había entrado en frenesí también ante la confusión de no saber cómo actuar, me encontraba en pleno estado de trance, absorto calculando todas las infinitas formas que tenía para salir de eso, ninguna parecía que llegara a funcionar. Me acerqué a ella y le dije: “oye, no sé qué estés pensando, pero si no hacemos algo no se van a detener." Ella sólo sonreía y asentía con la cabeza a lo que le decía. “¿Te molestaría si nos besamos ya para que te dejen tranquila?" Ella volvió a irradiar desde su sonrisa y dijo muy quedo: “está bien."

Su respuesta me hizo titubear un poco; pero al verla de frente, ese espejo parecido al brillo difuso de un portal de teletransportación, que a veces me parecía su sonrisa y ese algo que emanaba de toda su presencia, dejé de dudar y me acerqué lentamente, tomé su rostro tocando su mejilla izquierda con suavidad y nuestros labios adolescentes comenzaron a tocarse. Toda la confusión y mezcla de emociones que ya había experimentado a lo largo del día se fundió una vez más con algo nuevo, algo desconcertante. No era igual que besar a otras niñas, ya no era mi primera vez, pero de alguna forma ese era el sentimiento que me generaba. Ella no era una desconocida, era una niña como las demás, una buena oportunidad para besar a alguien, alguien ajeno, algo deseable siempre, pero no lo que yo deseaba en ese momento. Sin embargo, ese sentimiento incontenible me inundaba y, por tercera vez en el día, el tiempo se detuvo como una escultura demasiado vívida pero estática, durante un instante del cuál perdí el control todo quedó así, inerte bajo una pálida bruma que parecía desvanecerse poco a poco de mis ojos.

Un despertar demasiado violento una vez más, pero había algo distinto, también permanecía congelado pero durante un instante había sentido cómo, al abrir los ojos, luego de los primeros segundos del contacto con los labios de Mara, aún unido a ella mi ser había girado sobre sí mismo viendo la escena delante de mi de una forma demasiado estrambótica, todos brillaban igual como en medio de una niebla difusa, demasiado felices de lo que estaba sucediendo, celebrando como si estuviésemos en medio de una fiesta. Sin embargo, algo más perturbador aún era verla a ella entregada a ese momento de una manera plena, como si precisamente ese hubiera sido el momento que ella había estado esperando. Justo ese breve instante que ahora sucedía y que incluso daba la impresión de haber sido provocado por algún plan más oscuro que las ingenuas intenciones de aquel par.

¿Qué mal podía haberme causado obligarme a hablar con una niña? Era obvio que ninguno, salvo que la niña se molestara y nos acusara con el tutor. En cuyo caso las oportunidades eran: llevarse un regaño; quizá ser suspendidos uno o dos días; y en un caso extremo, haber tenido que soportar sus burlas de esos dos por algún tiempo hasta que se olvidara el incidente o llegara la siguiente broma. No podía dejar que esos dos se salieran tan fácil con la suya. Sin embargo, ninguno de esos era el caso, ¡era todo lo contrario!, justo en ese momento me estaban coronando, como a un héroe, frente a los ojos de todo un grupo de niños que alguna vez me había despreciado y me había techado de traidor. Era como si estuviera perdiendo mi virginidad en ese momento, en frente de todo un grupo de extasiados adolescentes. Pero no solo era eso, además la niña con quien lo hacia era, por cierta casualidad cuántica, ¡una de las niñas intocables de la academia! Seguramente candidata al trofeo del primer o segundo lugar al final de cursos. ¡Además la niña no me había despreciado! Todo lo contrario, justo en ese segundo detenido en el espacio-tiempo la estaba besando. Al final, su broma se había vuelto, en realidad, en un extraño triunfo.

Absorto en la contemplación de aquellos rostros expresándose de una forma que jamás les había visto perdí la noción del tiempo que llevábamos besándonos, nada perturbaba ese momento, no existía el ruido de fondo, sólo esa sensación de energía fluyendo de ti, pero también otra energía distinta inundando todos tus sentidos como un aroma suave, como un abrazo cálido, como una ligera ola de percepciones sucediéndose demasiado rápido, como un shock de corriente alterna bifurcándose entre mi conciencia y la realidad. Un portal magnético de alguna clase. No supe cuanto tiempo estuvimos así, de repente algo como una brisa puso todo de nuevo en movimiento y a la par que el latido de nuestros corazones y nuestra circulación retomaba su pulso, ella y yo nos fuimos separando lento, Mara aún con los ojos cerrados, hasta quedar frente a frente. Dio un suspiro largo, profundo, su mirada era aún más brillante que antes y esa misma sonrisa extraña e imperturbable que le había visto todo el día no había cambiado en lo absoluto, tenía esa misma sensación de calma y de calidez que le había visto desde el inicio.

Me alejé instintivamente de una manera brusca golpeando a alguien atrás. La miré fijamente y le pregunté si se encontraba bien, dijo que si. Al asentir con la mirada y el rostro, toda ella brilló nuevamente, me sentí un poco mareado, por un segundo había tenido la impresión mental desde su conciencia de que en realidad le había gustado. Alguien como yo en ese momento estaba aún demasiado lejos de poder discernir entre las casualidades, como aquel beso que le había dado cierta vez a Rox; y las veces como esta donde era evidente que todo eso que había experimentado no era otra cosa más que una muestra, accidental e involuntaria, pero oportuna, de la muestra de los sentimientos de alguien. No había sido desagradable, ella seguía ahí y sonreía. Nuevamente todo se mezclaba y se fundía entre miles de pensamientos simultáneos.

Dentro de esa burbuja de realidad, toda la conmoción y caos que hasta momentos antes habían sido el incesante golpeteo de una lluvia de ruido, gritos, silbidos y toda clase de vulgaridades parecía seguir congelado, como en mi visión, al igual que el rostro de todos con esa peculiar expresión mezcla de admiración y sorpresa. Un segundo en el vacío y de pronto una abrumadora explosión de gritos y vítores y felicitaciones llenaron violentamente esa calma. Brincaban, se abrazaban, algunas de las otras niñas extendían su mano y tocaban a Mara con amabilidad y sonriendo también. Por su parte, mis compañeros comenzaron a acariciar mi cabeza, de esa forma como lo hace uno con las mascotas peludas al jugar con ellas, a despeinarme y a empujarme de los hombros. En ese momento, luego de haber comprobado que ella se encontraba bien, me acerqué una vez más y le dije: “lo siento."

Me levante y fui abriéndome paso entre escritorios y compañeros que aún nos rodeaban. La magia del momento se decantaba de mi ser mientras volteaba la mirada hacia la puerta y veía como Rubo y Jorx salían corriendo; habían intentando burlarse de mi pero todo les había salido mal, ahora era mi turno de tomar verdadera venganza. Me dirigí hacia la salida del aula sin decir nada más y sin regresar la mirada atrás.

Al salir, el primero en caer desprevenido fue Rubo; el muy idiota había salido huyendo pero se había encontrado a Loren poco antes de llegar al final de las escaleras. Ella, como buena novia, lo había detenido intrigada por lo que había visto en el patio y por toda la conmoción que se hizo después. Él, como buena mascota perfectamente amaestrada jamás dudó en detenerse, sabía que yo venía detrás y me temía, pero le temía aún más a ella, cualquier síntoma de perderla podía herirlo mucho más que cualquiera de mis golpes. La otra, intrigada por esa imperiosa necesidad suya de irse quedó con mayor curiosidad, le dio la espalda y comenzó a subir las escaleras del brazo de una de sus amigas. Rubo sintió ese síntoma de desprecio y quedó paralizado, absolutamente desconcertado y con las manos en el aire comenzó a caminar detrás de ella seriamente preocupado pidiendo disculpas de cada una de las formas más melosas que se le ocurrían, cosa que Loren odiaba de él y lograba que se molestara aún más. Rubo la había logrado detener en el primer descanso y algo le decía cuando detrás de su espalda, desde media escalera arriba, salí volando encima de él tirándole golpes con toda la fuerza que podía y evidentemente enojado. Al principio todos creyeron que era otro de nuestros juegos de siempre, se dieron cuenta que era en serio luego de separarnos una vez y darse cuenta segundos después que me había soltado para volver a brincar a golpes encima de él. Rubo mismo entendió que no lo estaba golpeando en broma luego de recibir de lleno en la cara el primer puñetazo de la segunda ronda, en ese momento sentí también en el estómago el resultado de todas esas horas que últimamente había estado gastando levantando pesas con la intención de impresionar a Loren; pero era demasiado palpable por igual que nuestra diferencia de fuerzas se había desequilibrado de una forma que no me favorecía en lo más mínimo.

Intentaban separarnos sin lograrlo; en un descuido, al tomar vuelo para golpear a Rubo, la inercia de mi puño casi golpea la cara de Loren, ella alcanzó a subir las manos. Al girar la mirada hacia atrás pude ver que sus ojos y los de todas sus amigas estaban llenos de lágrimas y sus rostros parecían llenos de pánico. Loren gimió soltando el llanto: “¡¡¡yaaa, paren por favor!!!", tiró del saco de mi uniforme rasgándolo, en ese momento alguien desde atrás gritó: “¡¡¡prefecto, prefecto!!! Cada uno de los que estábamos ahí salimos corriendo por direcciones opuestas.

Las cuentas con Jorx las saldé días después, aunque esa vez no hubo violencia de por medio, aceptó recibir algunos golpes para que yo pudiera descargar un poco de mi enojo, eso no era problema para él, de hecho aceptaba que había sido una mala idea y que se había salido todo de control. No me sorprendían su respuesta ni su actitud, era un tipo crecido en colonias de criadores de gusanos, comerciantes, gente que enseñaba a sus descendientes a pelear desde pequeños. Si con Rubo mis probabilidades de ganar una pelea a golpes eran bajas, con esta pálida y escurridiza comadreja eran casi cercanas a cero, ya había probado la mezquindad de sus puños entre sus bromas y al golpearte te dejaban esa desagradable sensación de estar siendo apaleado por agujas de metal helado, no era nada agradable pelear con el. Lo que me sorprendió y neutralizó por completo mi ira fue su actitud descarada y su curiosidad. Al notar que iba por el y estar a punto de recibir el primer golpe, levantó las manos y entre carcajada y carcajada me decía: “¡¡¡espera, espera!!!, oye, dime la verdad, te gusto, ¿no?, extrañamente ella se veía demasiado contenta, ¿no te parece?, mejor ve y acompáñame al taller de alimentos, las niñas de ahí siempre me regalan de lo que hacen, en el camino me cuentas qué tal besa; ya viéndola bien después de eso en realidad no es fea."

Dicho eso rodeo mi cuello con el brazo y nos fuimos camino al taller.

En la dirección de la academia nadie se enteró de una sola cosa. No hubo problemas por la revuelta en el patio ni por el escándalo en nuestra aula. Nadie dijo nada de la pelea a golpes entre Rubo y yo en la escalera. Nadie volvió a mencionar nunca más algo sobre el incidente del beso. Ese día el descanso se había prolongado debido a una comida entre los tutores. No eramos los únicos que habían estado a sus anchas y sin vigilancia en la academia; todos los niños de los otros cursos habían estado inmersos por igual en la entropía que reinó durante esos minutos la academia entera.

Con Mara el tema nunca más se volvió a mencionar.



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Tiempo después, al terminar los cursos, cada quien regresó a su colonia de origen y nunca más supe de ellos. El recuerdo de aquel momento se fue degradando entre las mareas del tiempo y la pérdida de memorias durante la criogenia en los viajes largos y los saltos cuánticos. Hay cosas en el progreso que siempre tienen un costo, aunque siempre queda la posibilidad de realizar un respaldo de tu conciencia y de tu memoria antes de viajar. La verdad es que nunca me importó ir dejando atrás esos pequeños pedazos de mi vida, ahora que mi sincronía con el entramado del espacio-tiempo se ha ido fortaleciendo luego de la mordida de aquel gusano, muchos de esos aparentes recuerdos vuelven a mi conciencia y a mi memoria cada vez que despierto de un nuevo trance. Volver del vacío a a la conciencia con la sensación aún de esos momentos, esos aromas, esas percepciones, me provocaba vómito y prolongados temblores al principio; ahora he tomado la costumbre de hacer que Alice, la inteligencia artificial que cuida mis viajes y mis sueños largos, grabe lo que recuerdo siempre que despierto adicional a la grabación de las ondas de mis patrones mentales durante mi ausencia de conciencia. De esa manera es más sencillo reconstruir y verificar la veracidad de esas memorias. Suele ser común atrapar, por error, pequeñas burbujas de memorias que vagan sin rumbo por el entramado del espacio-tiempo, otro de los riegos que no son raros al sincronizarse.

Algo similar sucedía durante mis primeras conexiones húmedas directas a la macro esfera de datos interestelar en la academia, lleva tiempo irse acostumbrando a la descomunal transmisión de información entre la red y el cerebro que debe soportarse, tarde o temprano se vuelve algo cotidiano. Hace demasiado tiempo que ni siquiera tengo necesidad de hacerlo, gran parte de esa labor es de Alice, mi trabajo real es cazar los datos duros. Rebuscar entre la basura que han ido dejando regada los humanos y sus historias por cada planeta y sistema que han pisado. Seguir las huellas que me den pistas para poder armar ese complicado rompecabezas sobre esa raza que nadie ha visto nunca y a quienes llaman “Los Antiguos". Información sobre esos seres y esa criatura mítica a la que sólo señalan como “Roo" son cosas que puedo vender y mover fácil en los mercados oscuros de la Ultra-Red.

Tenía poco de haber despertado del sueño profundo y de aquella burbuja de recuerdo cuando arribamos a Mauna Kea, un planeta frío, árido y bastante hostil situado a las orillas de la galaxia EGS-zs81-1, un lugar muy poco agradable para muchos, pero perfecto para esconderse cuando lo que se busca es alejarse de cualquier rastro de civilización. Y eso es precisamente lo que aquellos seres venían haciendo, por alguna razón, de galaxia en galaxia, de planeta en planeta, de dimensión en dimensión. Simulan muy bien su papel de espectros transdimensionales, pero las huellas de su rastro se liberan poco a poco gracias a la conexión con el entramado de la red del espacio-tiempo.

Alice realizaba los preparativos para el descenso y un escaneo del planeta cuando una linea de datos enviada en haz de luz invadió su sistema. “Una fuente desconocida que no localizo en el espacio visual intenta abrir un canal de comunicación no autorizado, ¿permito el acceso o sigo intentando bloquear la señal?" Entre el scratch de la interferencia y una mezcla de ruidos orgánicos apenas logré comprender lo que intentaba decir la I.A.

“Permite el canal pero mantente alerta, puede ser una trampa o algo peor.“, le indiqué el comando a la nave y tomé asiento, el panel principal en la proa de la nave comenzaba a llenarse con la resplandeciente vista de Mauna Kea, un mundo de aspecto plateado nacarado surcado por inmensas venas de un marrón oscuro casi sanguíneo que mutaban, se fundían y entrecruzaban creando una vista en realidad magnífica.

Con un zumbido bastante grave comenzó Alice la transmisión del canal oculto, era una línea únicamente de audio, la voz de una mujer comenzó a ser más clara mientras seguía repitiendo el código de confirmación: “//  87 Tauri  //  160413.1154  //  HIP 21421  //  161026.1446  //  19.3922467  //  -99.0457198  //  17z  //  87 Tauri  //  190109.0304 // HIP 21421  //  ... ... ..."

Terminado el código de control y confirmación de recepción de la señal, la misma voz de la mujer que lo había citado habló: "sé que me escuchas, encontré por casualidad una nota en la macro esfera de datos, la curiosidad y rastrearla me han logrado traer hasta aquí, soy la niña a la que le robaste un beso en la academia, nos veremos pronto...  zzzzxxxzzzxxx...."

La señal desapareció de la misma forma en que había llegado, ni un solo rastro. Con la mirada perdida en la nada, aún viendo esos tonos fantasmales que se pintaban sobre la atmósfera difusa de Mauna Kea, Alice y yo nos quedamos con la sangre helada en medio del silencio que nos rodeaba perdidos en algún lugar al final del universo.



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[  ▽Δ▼  soon  ▼Δ  ]

Comentarios

Unknown dijo…
Wowwwwwwwwwww
Seguirlo e imaginarlo fue interesante
Devon Kentao dijo…
Dije que si algún día que hacia algo con aquella anécdota te lo compartía, bueno este es el segundo borrador, hay algunas cosas que aun necesito afinar, pero es el esquema general de la historia. Gracias por venir y leerlo.

( ͡° ͜ʖ ͡°)
Unknown dijo…
Pues esperaré para leerte con esa y más historias o anecdotas
Devon Kentao dijo…
Cuando gustes. Este es el lugar donde, al final, quedara todo eso para poder verlo a vez mas el día que ya no pueda recordar nada...

Gracias, saludos.