20190124

:: La Sonrisa al Otro Lado del Universo (second stage) ::



.I


El sabor acre en la lengua me comenzó a indicar que iba hundiéndome poco a poco en el sueño, la criogenia suele ser un verdadero dolor de cabeza, pero es la mejor forma de permanecer silente y pasar desapercibido a través de las rutas poco transitadas en la que hemos vagabundeado los últimos años luz Alice y yo. Con el proceso los pensamientos comienzan a vagar sin sentido, se mezclan las percepciones, las visiones y alucinaciones no son raras. Solo es cuestión de cerrarlos ojos, como siempre y dejar que la calma se hunda en ti. Pocas son las palabras que me quedan, el silencio se ha ido comiendo mi memoria y mis recuerdos.  Sólo quedan algunas imágenes que se repiten como ecos entre los laberintos de mis extraños sueños.

Algunas veces, aún, logro retener un poco antes de que la vigilia termine y se oscurezca todo una vez más.

Un día de hace muchos, como para no recordarlo con precisión, conocí inadvertidamente a una niña...  ¿o era una mujer?  No lo sé.  Ahora es más como un espejismo, una de esas invenciones que atrapan tu mente cuando la debilidad del alma aqueja.  La recuerdo más como una sonrisa amable que cualquier otra cosa.  En medio del caos, del enojo, de la incomodidad, de la burla inexplicada, del reto mezquino de la multitud, esa sonrisa permanecía en calma, imperturbable, asombrada, pero con confianza.  En ese momento lo que veía brillar era un alma estoica verdadera y no pude percibir la grandiosidad de ese instante.  Incluso ahora que las arenas del tiempo deberían haberlo borrado ya del universo.

Mas no fue así.  El brillo de esa sonrisa volvió a tocar mi corazón y la debilidad de mi espíritu una vez más.  Navegando silenciosa entre las mareas de la eternidad, alzó su mirada impecable e intentó iluminar el camino de nuestras huellas para que volvieran a coincidir.  Logró hacerlo por segundos, pero el monstruo escondido detrás de mis ojos me arrastró hacia el vacío y el olvido nuevamente.

Además de su sonrisa, aún puedo sentir su aroma, muy ligeramente ondula entre el recuerdo como una nota que es difícil dejar de escuchar.  Sin embargo, no puedo entender cómo es que lo sé.  Se siente como ella, irradia un aura similar, vibran igual.



.I.I

Un tiempo que creó algunas cicatrices en mi, las cuales marcaron de una forma muy profunda mi vida o lo que comenzaba a crecer dentro de mi, fue ese que transcurrió de niño, mientras estudiaba el grado medio en la academia de ciencia en Aldebarán; principalmente el último año.  Ese año fue definitivo en muchas cosas.  Las alucinaciones comenzaban a tener un patrón más constante y formaban grupos que me conducían, de repente, por nuevos caminos, nuevas sensaciones, nuevas circunstancias.  Recuerdo haber hecho en esos días una especie de carta con algunas predicciones sobre lo que vendría en el futuro inmediato para mi; algunas de ellas resultaron volverse ciertas, por inexplicable que pudiera ser. Llenaba la gran parte de mis horas libres con historias de ciencia ficción, de naves espaciales, de fenómenos paranormales, de cualquier cosa que oliera a extraño, a oculto, a prohibido. El universo era el sueño de una ilusión que sólo era una risa, la broma graciosa de un niño con demasiada imaginación. Sin embargo, lo que deseaba en realidad, muy en el fondo donde sólo podía hablar conmigo mismo, era ver algo extraordinario, algo que realmente me mostrara que había algo más allá de esta simple percepción que en ese tiempo ya no me satisfacía. Y entre todas esas historias extrañas y sobre la oscuridad, los caminos comenzaron a bifurcarse hacia sombras aún más desconcertantes.


En esos días mis pensamientos y deseos no vagaban hacia ningún lugar, nunca he sido una entidad de grandes proyectos o planes.  El deseo inmediato, el hedonismo, la misantropía, la soledad, el silencio, han sido mis estigmas y mi forma de ir encontrando los hilos que tejen parte del entramado de esto que solemos llamar realidad.


Y así fue que una de esas mañanas, mientras la mayoría de los niños en la academia se dedicaba a saborear los diversos alimentos de su almuerzo, un pequeño grupo de otros niños revoloteaba entre la multitud buscándome o escondiéndose de mi, no era claro.  Uno de ellos era Rubo, él es lo que en ese momento alguien podría haber definido como mi mejor amigo, al menos a los ojos de él. Y no es que yo no lo apreciara, no; simplemente había momentos en los que no quería cargar con su imperiosa necesidad de querer abrazarme siempre, ni con su inseguridad hacia las mujeres, ni con su eterno enamoramiento por Loren, una compañera del mismo grupo de la que estaba absurda y ciegamente enamorado.  Otro de ellos era Jorx, un tipo detestable en verdad, mal hablado, descarado con algunas chicas, todo un caso, pero un tipo muy interesante. Por ahí corrían los dos ocultándose entre la multitud que inundaba el patio de la escuela.

De repente llego Rubo más amistoso de lo normal abrazándome por la espalda y empujándome hacia la explanada. Como si fuera a intentar escapar de algo, de igual manera Jorx se acercó corriendo y también me aprisionó mientras iban ya prácticamente arrastrándome y empujándome entre los demás niños hacia algo que evidentemente no podía ser bueno para mí de manera alguna. Bastante estaba ya acostumbrado a sus recurrentes bromas que iban subiendo cada vez más en osadía y perjuicio. Sólo faltaba que llegáramos a los golpes, aunque en realidad eso también estaba no muy lejano a suceder.

Así, en medio de una mañana, muy lejana de aquella en que buscaba desde pretextos para poder ver un eclipse sin ser reportado, lo que me esperaba no era una broma pesada y violenta que me haría perseguirlos y golpearlos por toda la escuela, no. Era algo para lo que definitivamente no estaba preparado. No tenía la más remota idea de lo que estaba por suceder. Pero al igual que si hubiese sido un eclipse, el universo me tenía preparado uno de los instantes más extraños y peculiares de mi vida.

Justo en medio del patio se abría un vórtice cuántico que golpearía durante muchos años los rincones del infinito hasta regresar nuevamente como un eco disperso en el entramado del espacio-tiempo para golpearme, una vez más. Ahí, como una imagen difusa que está frente a ti pero que no logras enfocar, o relacionar correctamente, se encontraba sentada una niña que todos conocíamos pero que no encajaba en el cuadro. Ya habiendo dejado de resistirme volteó Rubo y me dijo: “Aguanta, no te vamos a hacer nada, tú solo ven.". En ese momento tomó uno de mis hombros y me empujó justo al lado de la chica, que parecía justamente estar esperando algo, nunca supe si ese algo era yo, pero era obvio que ellos le habían pedido que esperara ahí con algún pretexto, Jorx era especialista en ese tipo de cosas.

Al ser empujado y terminar sentado junto a ella no tuve más opción que disculparme e intentar levantarme, jamás presté atención a quién era. Rubo me sentó con su fuerza una vez más y, mientras se alejaba con una enorme y molesta sonrisa en la cara, me gritó lo más potente que pudo: “¡¡¡AHÍ TE DEJO PARA QUE PLATIQUES CON ELLA, NO PUEDES DEJARLA AHÍ SOLA!!!" Dicho eso se escabulló entre las decenas de niños corriendo por todos lados y se perdió de mi vista.

Apoyé las manos en el escalón superior de los tres o cuatro bloques de fibro plástico que conformaban parte del asta bandera de la academia. Ese había sido el lugar estratégico que habían escogido para esta inaudita broma. Me senté lentamente y fue hasta ese momento que alcé la vista y con gran sorpresa vi que, lo que me esperaba ahí, era una hermosa sonrisa que irradiaba una calma que comenzó a hacer que me tranquilizara y perdiera la noción de lo que estaba sucediendo. No puedo decir que me haya enamorado de ella o que me haya cautivado, no, sólo comenzó a hacer que me calmara y fuera tomando control de lo que pasaba. La circunstancia era algo más que apremiante.

De reojo, pude ver cómo aparecían Rubo y Jorx por los pasillos del primer y segundo piso del edificio y comenzaban a gritar y a señalar hacia el lugar donde me encontraba sentado con la niña. La respuesta de los demás no se hizo esperar y de pronto, en un segundo que pareció estar congelado en el tiempo, al girar alrededor la mirada, todos en los pasillos del edificio y en el patio miraban hacia nosotros, en tanto la furia me anegaba y una ola de susurros comenzaba a inundar mi cabeza. Alcé la mano para señalarles que pagarían con sangre y volteé hacia donde la niña seguía inmutable en su extraña y hermosa sonrisa. Algo había en ella que parecía como si resplandeciera, alguna magia desconocida para mí en ese entonces.

La niña se llamaba Mara, sí, justo así como cierta canción que todos conocían por esos días, Mara Patrix. Nunca imaginé cómo ese par de nombres me habrían de perseguir y terminarían formando muchas de las piezas del rompecabezas en que se convertiría mi existencia. Igual que tantos otros.




“The history of a young heart”


Ella era una persona seria, una niña muy inteligente, una de las dos mejores de la clase, reservada y mesurada en sus comentarios, en resumen una niña muy bien educada. Era claro que su especialidad serían las inteligencias artificiales o los sistemas de comunicación interestelares. No era el tipo de basura con la que yo había terminado entablando una amistad conveniente.

Dos de esos desheredados que nadie quería demasiado, que nadie tomaba mucho en cuenta o que, incluso, consideraban desagradables eran precisamente Rubo y Jorx. Lo irónico de esa amistad era que no intentaba tomarla demasiado en serio, pero terminó siéndolo un poco. Era siniestro y decepcionante tener que intentar ser amable cuando no me interesaba. Mi intento anterior de amigo había sido justo un rarito y afeminado niño que era bastante inútil, al cuál marginaban por eso; además de la pequeña salvedad que cuando hablaba parecía un poco tonto. Se llamaba como yo, así que por esa razón comenzó a acercarse a mi hasta terminar diciendo que yo era su mejor amigo. Tenía una mamá guapísima, una rubia alta con una sonrisa deslumbrante, no dudo que quizá hubiera sido modelo, una mujer muy amable siempre. Así que, con esos genes en la sangre y, gracias al inicio de la pubertad, aquel pequeño y débil niño friky había terminado por irse volviendo un bello cisne rodeado de la mitad de las niñas del salón. Un niño guapo, tonto pero tierno, decía su séquito; rico, hijo de un senador del consejo Galáctico de este cuadrante; y contra el que, cualquier poder del inframundo o talento que yo poseyera, nada tenía que hacer. Mucho menos en ese incesante y distópico vértice de hormonas en que se estaba convirtiendo toda la academia.

Yo había ido alejándome de aquel niño poco a poco, acabar en grupos separados había ayudado a sepultar ese capítulo; pero ahora tenía uno nuevo escribiéndose de una forma demasiado vertiginosa y extraña al lado de estos otros dos. Teníamos ya varias decenas de historias compartidas con las que llenar muchas páginas, pero esta última sería el punto de inflexión necesario para desatar un pequeño caos que se escondía entre susurros tras las sombras.

Pregunté a Mara qué le habían dicho para llevarla ahí, dijo que Jorx le había pedido muy amable que lo acompañara porque yo tenía algo importante qué decirle, así que había accedido a acompañarlo. Asentí dubitativo y con la presión de las miradas y los murmullos nublándome un poco. No sabía cómo reaccionar, qué hacer. Mi mente y mi mirada permanecían en blanco pero ella era inmutable con esa sonrisa.

Le dije: “Tienes que disculparlos, son unos niños. Nos hemos estado haciendo bromas muy pesadas últimamente, así que para ellos esto es su intento de hacerme una broma molesta. Por mi que hagan lo que quieran, lo que no se vale es que involucren a otra gente, menos siendo alguien con quien no nos llevamos de esa manera. Perdón, creo que también notas que todos nos están mirando. ¿Te parece bien si mejor nos vamos al salón y ya así dejan de molestarte?"

Ella dijo que si, y nos levantamos caminando lentamente hacia las escaleras del edificio para subir al aula. Cerca de las escaleras, a la izquierda, en su habitual rincón de hienas, Loren y su comitiva nos seguían con ojos desorbitados. Muchos rostros conocidos sonreían y gritaban bromas o halagos desde los pisos arriba. Al acercarnos al salón el infierno nos dio la bienvenida entre más sonrisas y miradas curiosas. Entramos y me dirigí hacia mi escritorio, ella me seguía a permanecía al lado mio, exactamente igual de inmutable, con esa tranquila y extraña sonrisa.

Por alguna razón, ese día mi escritorio y los que lo circundaban estaban vacíos. Cualquier otro día habrían estado ahí, en comitiva, Bitrix, Rox, Uri y los demás que solían acompañarlos en su grupo. Nadie. Todo parecía mas calmado, las miradas y los murmullos habían cesado, o eso creí. No recuerdo nada de las palabras que cruzamos desde ese momento, había algo incómodo en el ambiente, ella hablaba y contestaba con una familiaridad que yo no lograba dilucidar. De repente sonreía, como si en realidad estuviera emocionada de estar ahí a mi lado, como si de verdad se estuviera divirtiendo, y al hacerlo además de brillar extrañamente de nuevo, una tierna oquedad se dibujaba en cada una de sus mejillas dándole un aspecto demasiado encantador, demasiado tentador. Era la presa perfecta para un incipiente cazador que aún no era consciente de su fuerza, ni de su destino. El camino de los locos suele ser también el de la ceguera, un camino sin luz.

Todo simulaba ser perfecto, como largas tomas de paneo a cámara lenta de esas como de filme viejo de la Tierra; una película de Sergio Leone, pensé. Su movimiento era suave, su aroma había vuelto a percibirse, charlaba animada, pero algo no estaba bien, eso a lo que aún no había despertado se mostró de forma brutal frente a mis ojos y sentí cómo la sangre de mi cuerpo se volvía hielo puro. Entre las cosas que seguramente platicábamos jamás noté cómo, uno tras otro, todos en el salón se habían ido acercando y ahora formaban ya un semi círculo desde donde miraban embelesados lo que sea que estuviéramos charlando. Algunas de las niñas en la puerta comenzaban a llamar a los que iban cruzando por el pasillo.

Y así, en medio de una calma que se había vuelto caos, atronando con las palmas en lo alto y a voz de guerra, comenzó a levantarse cada vez más alto y con más personas el grito tribal que puso el punto final a todo

Uno tras otro se acercaban empujándose a sí mismos y también a nosotros logrando que estuviéramos ya demasiado cerca. En medio del frenesí que se había generado y que ardía cada vez más, gritaba alguien por un lado: “ya, no te hagas del rogar." Todos vitoreaban. Por el lado opuesto otro sugería: “mira, hasta le brillan los ojos, no la puedes dejar así." Las risas llenaban como truenos el aire y regresaban con el grito tribal: “¡¡¡beeeso, beeeso, beeeso...!!!"

Yo había entrado en frenesí también ante la confusión de no saber cómo actuar, me encontraba en pleno estado de trance, absorto calculando todas las infinitas formas que tenía para salir de eso, ninguna parecía que llegara a funcionar. Me acerqué a ella y le dije: “oye, no sé qué estés pensando, pero si no hacemos algo no se van a detener." Ella sólo sonreía y asentía con la cabeza a lo que le decía. “¿Te molestaría si nos besamos ya para que te dejen tranquila?" Ella volvió a irradiar desde su sonrisa y dijo muy quedo: “está bien."

Su respuesta me hizo titubear un poco; pero al verla de frente, ese espejo parecido al brillo difuso de un portal de teletransportación, que a veces me parecía su sonrisa y ese algo que emanaba de toda su presencia, dejé de dudar y me acerqué lentamente, tomé su rostro tocando su mejilla izquierda con suavidad y nuestros labios adolescentes comenzaron a tocarse. Toda la confusión y mezcla de emociones que ya había experimentado a lo largo del día se fundió una vez más con algo nuevo, algo desconcertante. No era igual que besar a otras niñas, ya no era mi primera vez, pero de alguna forma ese era el sentimiento que me generaba. Ella no era una desconocida, era una niña como las demás, una buena oportunidad para besar a alguien, alguien ajeno, algo deseable siempre, pero no lo que yo deseaba en ese momento. Sin embargo, ese sentimiento incontenible me inundaba y, por tercera vez en el día, el tiempo se detuvo como una escultura demasiado vívida pero estática, durante un instante del cuál perdí el control todo quedó así, inerte bajo una pálida bruma que parecía desvanecerse poco a poco de mis ojos.

Un despertar demasiado violento una vez más, pero había algo distinto, también permanecía congelado pero durante un instante había sentido cómo, al abrir los ojos, luego de los primeros segundos del contacto con los labios de Mara, aún unido a ella mi ser había girado sobre sí mismo viendo la escena delante de mi de una forma demasiado estrambótica, todos brillaban igual como en medio de una niebla difusa, demasiado felices de lo que estaba sucediendo, celebrando como si estuviésemos en medio de una fiesta. Sin embargo, algo más perturbador aún era verla a ella entregada a ese momento de una manera plena, como si precisamente ese hubiera sido el momento que ella había estado esperando. Justo ese breve instante que ahora sucedía y que incluso daba la impresión de haber sido provocado por algún plan más oscuro que las ingenuas intenciones de aquel par.

¿Qué mal podía haberme causado obligarme a hablar con una niña? Era obvio que ninguno, salvo que la niña se molestara y nos acusara con el tutor. En cuyo caso las oportunidades eran: llevarse un regaño; quizá ser suspendidos uno o dos días; y en un caso extremo, haber tenido que soportar sus burlas de esos dos por algún tiempo hasta que se olvidara el incidente o llegara la siguiente broma. No podía dejar que esos dos se salieran tan fácil con la suya. Sin embargo, ninguno de esos era el caso, ¡era todo lo contrario!, justo en ese momento me estaban coronando, como a un héroe, frente a los ojos de todo un grupo de niños que alguna vez me había despreciado y me había techado de traidor. Era como si estuviera perdiendo mi virginidad en ese momento, en frente de todo un grupo de extasiados adolescentes. Pero no solo era eso, además la niña con quien lo hacia era, por cierta casualidad cuántica, ¡una de las niñas intocables de la academia! Seguramente candidata al trofeo del primer o segundo lugar al final de cursos. ¡Además la niña no me había despreciado! Todo lo contrario, justo en ese segundo detenido en el espacio-tiempo la estaba besando. Al final, su broma se había vuelto, en realidad, en un extraño triunfo.

Absorto en la contemplación de aquellos rostros expresándose de una forma que jamás les había visto perdí la noción del tiempo que llevábamos besándonos, nada perturbaba ese momento, no existía el ruido de fondo, sólo esa sensación de energía fluyendo de ti, pero también otra energía distinta inundando todos tus sentidos como un aroma suave, como un abrazo cálido, como una ligera ola de percepciones sucediéndose demasiado rápido, como un shock de corriente alterna bifurcándose entre mi conciencia y la realidad. Un portal magnético de alguna clase. No supe cuanto tiempo estuvimos así, de repente algo como una brisa puso todo de nuevo en movimiento y a la par que el latido de nuestros corazones y nuestra circulación retomaba su pulso, ella y yo nos fuimos separando lento, Mara aún con los ojos cerrados, hasta quedar frente a frente. Dio un suspiro largo, profundo, su mirada era aún más brillante que antes y esa misma sonrisa extraña e imperturbable que le había visto todo el día no había cambiado en lo absoluto, tenía esa misma sensación de calma y de calidez que le había visto desde el inicio.

Me alejé instintivamente de una manera brusca golpeando a alguien atrás. La miré fijamente y le pregunté si se encontraba bien, dijo que si. Al asentir con la mirada y el rostro, toda ella brilló nuevamente, me sentí un poco mareado, por un segundo había tenido la impresión mental desde su conciencia de que en realidad le había gustado. Alguien como yo en ese momento estaba aún demasiado lejos de poder discernir entre las casualidades, como aquel beso que le había dado cierta vez a Rox; y las veces como esta donde era evidente que todo eso que había experimentado no era otra cosa más que una muestra, accidental e involuntaria, pero oportuna, de la muestra de los sentimientos de alguien. No había sido desagradable, ella seguía ahí y sonreía. Nuevamente todo se mezclaba y se fundía entre miles de pensamientos simultáneos.

Dentro de esa burbuja de realidad, toda la conmoción y caos que hasta momentos antes habían sido el incesante golpeteo de una lluvia de ruido, gritos, silbidos y toda clase de vulgaridades parecía seguir congelado, como en mi visión, al igual que el rostro de todos con esa peculiar expresión mezcla de admiración y sorpresa. Un segundo en el vacío y de pronto una abrumadora explosión de gritos y vítores y felicitaciones llenaron violentamente esa calma. Brincaban, se abrazaban, algunas de las otras niñas extendían su mano y tocaban a Mara con amabilidad y sonriendo también. Por su parte, mis compañeros comenzaron a acariciar mi cabeza, de esa forma como lo hace uno con las mascotas peludas al jugar con ellas, a despeinarme y a empujarme de los hombros. En ese momento, luego de haber comprobado que ella se encontraba bien, me acerqué una vez más y le dije: “lo siento."

Me levante y fui abriéndome paso entre escritorios y compañeros que aún nos rodeaban. La magia del momento se decantaba de mi ser mientras volteaba la mirada hacia la puerta y veía como Rubo y Jorx salían corriendo; habían intentando burlarse de mi pero todo les había salido mal, ahora era mi turno de tomar verdadera venganza. Me dirigí hacia la salida del aula sin decir nada más y sin regresar la mirada atrás.

Al salir, el primero en caer desprevenido fue Rubo; el muy idiota había salido huyendo pero se había encontrado a Loren poco antes de llegar al final de las escaleras. Ella, como buena novia, lo había detenido intrigada por lo que había visto en el patio y por toda la conmoción que se hizo después. Él, como buena mascota perfectamente amaestrada jamás dudó en detenerse, sabía que yo venía detrás y me temía, pero le temía aún más a ella, cualquier síntoma de perderla podía herirlo mucho más que cualquiera de mis golpes. La otra, intrigada por esa imperiosa necesidad suya de irse quedó con mayor curiosidad, le dio la espalda y comenzó a subir las escaleras del brazo de una de sus amigas. Rubo sintió ese síntoma de desprecio y quedó paralizado, absolutamente desconcertado y con las manos en el aire comenzó a caminar detrás de ella seriamente preocupado pidiendo disculpas de cada una de las formas más melosas que se le ocurrían, cosa que Loren odiaba de él y lograba que se molestara aún más. Rubo la había logrado detener en el primer descanso y algo le decía cuando detrás de su espalda, desde media escalera arriba, salí volando encima de él tirándole golpes con toda la fuerza que podía y evidentemente enojado. Al principio todos creyeron que era otro de nuestros juegos de siempre, se dieron cuenta que era en serio luego de separarnos una vez y darse cuenta segundos después que me había soltado para volver a brincar a golpes encima de él. Rubo mismo entendió que no lo estaba golpeando en broma luego de recibir de lleno en la cara el primer puñetazo de la segunda ronda, en ese momento sentí también en el estómago el resultado de todas esas horas que últimamente había estado gastando levantando pesas con la intención de impresionar a Loren; pero era demasiado palpable por igual que nuestra diferencia de fuerzas se había desequilibrado de una forma que no me favorecía en lo más mínimo.

Intentaban separarnos sin lograrlo; en un descuido, al tomar vuelo para golpear a Rubo, la inercia de mi puño casi golpea la cara de Loren, ella alcanzó a subir las manos. Al girar la mirada hacia atrás pude ver que sus ojos y los de todas sus amigas estaban llenos de lágrimas y sus rostros parecían llenos de pánico. Loren gimió soltando el llanto: “¡¡¡yaaa, paren por favor!!!", tiró del saco de mi uniforme rasgándolo, en ese momento alguien desde atrás gritó: “¡¡¡prefecto, prefecto!!! Cada uno de los que estábamos ahí salimos corriendo por direcciones opuestas.

Las cuentas con Jorx las saldé días después, aunque esa vez no hubo violencia de por medio, aceptó recibir algunos golpes para que yo pudiera descargar un poco de mi enojo, eso no era problema para él, de hecho aceptaba que había sido una mala idea y que se había salido todo de control. No me sorprendían su respuesta ni su actitud, era un tipo crecido en colonias de criadores de gusanos, comerciantes, gente que enseñaba a sus descendientes a pelear desde pequeños. Si con Rubo mis probabilidades de ganar una pelea a golpes eran bajas, con esta pálida y escurridiza comadreja eran casi cercanas a cero, ya había probado la mezquindad de sus puños entre sus bromas y al golpearte te dejaban esa desagradable sensación de estar siendo apaleado por agujas de metal helado, no era nada agradable pelear con el. Lo que me sorprendió y neutralizó por completo mi ira fue su actitud descarada y su curiosidad. Al notar que iba por el y estar a punto de recibir el primer golpe, levantó las manos y entre carcajada y carcajada me decía: “¡¡¡espera, espera!!!, oye, dime la verdad, te gusto, ¿no?, extrañamente ella se veía demasiado contenta, ¿no te parece?, mejor ve y acompáñame al taller de alimentos, las niñas de ahí siempre me regalan de lo que hacen, en el camino me cuentas qué tal besa; ya viéndola bien después de eso en realidad no es fea."

Dicho eso rodeo mi cuello con el brazo y nos fuimos camino al taller.

En la dirección de la academia nadie se enteró de una sola cosa. No hubo problemas por la revuelta en el patio ni por el escándalo en nuestra aula. Nadie dijo nada de la pelea a golpes entre Rubo y yo en la escalera. Nadie volvió a mencionar nunca más algo sobre el incidente del beso. Ese día el descanso se había prolongado debido a una comida entre los tutores. No eramos los únicos que habían estado a sus anchas y sin vigilancia en la academia; todos los niños de los otros cursos habían estado inmersos por igual en la entropía que reinó durante esos minutos la academia entera.

Con Mara el tema nunca más se volvió a mencionar.



.I.I.I

Tiempo después, al terminar los cursos, cada quien regresó a su colonia de origen y nunca más supe de ellos. El recuerdo de aquel momento se fue degradando entre las mareas del tiempo y la pérdida de memorias durante la criogenia en los viajes largos y los saltos cuánticos. Hay cosas en el progreso que siempre tienen un costo, aunque siempre queda la posibilidad de realizar un respaldo de tu conciencia y de tu memoria antes de viajar. La verdad es que nunca me importó ir dejando atrás esos pequeños pedazos de mi vida, ahora que mi sincronía con el entramado del espacio-tiempo se ha ido fortaleciendo luego de la mordida de aquel gusano, muchos de esos aparentes recuerdos vuelven a mi conciencia y a mi memoria cada vez que despierto de un nuevo trance. Volver del vacío a a la conciencia con la sensación aún de esos momentos, esos aromas, esas percepciones, me provocaba vómito y prolongados temblores al principio; ahora he tomado la costumbre de hacer que Alice, la inteligencia artificial que cuida mis viajes y mis sueños largos, grabe lo que recuerdo siempre que despierto adicional a la grabación de las ondas de mis patrones mentales durante mi ausencia de conciencia. De esa manera es más sencillo reconstruir y verificar la veracidad de esas memorias. Suele ser común atrapar, por error, pequeñas burbujas de memorias que vagan sin rumbo por el entramado del espacio-tiempo, otro de los riegos que no son raros al sincronizarse.

Algo similar sucedía durante mis primeras conexiones húmedas directas a la macro esfera de datos interestelar en la academia, lleva tiempo irse acostumbrando a la descomunal transmisión de información entre la red y el cerebro que debe soportarse, tarde o temprano se vuelve algo cotidiano. Hace demasiado tiempo que ni siquiera tengo necesidad de hacerlo, gran parte de esa labor es de Alice, mi trabajo real es cazar los datos duros. Rebuscar entre la basura que han ido dejando regada los humanos y sus historias por cada planeta y sistema que han pisado. Seguir las huellas que me den pistas para poder armar ese complicado rompecabezas sobre esa raza que nadie ha visto nunca y a quienes llaman “Los Antiguos". Información sobre esos seres y esa criatura mítica a la que sólo señalan como “Roo" son cosas que puedo vender y mover fácil en los mercados oscuros de la Ultra-Red.

Tenía poco de haber despertado del sueño profundo y de aquella burbuja de recuerdo cuando arribamos a Mauna Kea, un planeta frío, árido y bastante hostil situado a las orillas de la galaxia EGS-zs81-1, un lugar muy poco agradable para muchos, pero perfecto para esconderse cuando lo que se busca es alejarse de cualquier rastro de civilización. Y eso es precisamente lo que aquellos seres venían haciendo, por alguna razón, de galaxia en galaxia, de planeta en planeta, de dimensión en dimensión. Simulan muy bien su papel de espectros transdimensionales, pero las huellas de su rastro se liberan poco a poco gracias a la conexión con el entramado de la red del espacio-tiempo.

Alice realizaba los preparativos para el descenso y un escaneo del planeta cuando una linea de datos enviada en haz de luz invadió su sistema. “Una fuente desconocida que no localizo en el espacio visual intenta abrir un canal de comunicación no autorizado, ¿permito el acceso o sigo intentando bloquear la señal?" Entre el scratch de la interferencia y una mezcla de ruidos orgánicos apenas logré comprender lo que intentaba decir la I.A.

“Permite el canal pero mantente alerta, puede ser una trampa o algo peor.“, le indiqué el comando a la nave y tomé asiento, el panel principal en la proa de la nave comenzaba a llenarse con la resplandeciente vista de Mauna Kea, un mundo de aspecto plateado nacarado surcado por inmensas venas de un marrón oscuro casi sanguíneo que mutaban, se fundían y entrecruzaban creando una vista en realidad magnífica.

Con un zumbido bastante grave comenzó Alice la transmisión del canal oculto, era una línea únicamente de audio, la voz de una mujer comenzó a ser más clara mientras seguía repitiendo el código de confirmación: “//  87 Tauri  //  160413.1154  //  HIP 21421  //  161026.1446  //  19.3922467  //  -99.0457198  //  17z  //  87 Tauri  //  190109.0304 // HIP 21421  //  ... ... ..."

Terminado el código de control y confirmación de recepción de la señal, la misma voz de la mujer que lo había citado habló: "sé que me escuchas, encontré por casualidad una nota en la macro esfera de datos, la curiosidad y rastrearla me han logrado traer hasta aquí, soy la niña a la que le robaste un beso en la academia, nos veremos pronto...  zzzzxxxzzzxxx...."

La señal desapareció de la misma forma en que había llegado, ni un solo rastro. Con la mirada perdida en la nada, aún viendo esos tonos fantasmales que se pintaban sobre la atmósfera difusa de Mauna Kea, Alice y yo nos quedamos con la sangre helada en medio del silencio que nos rodeaba perdidos en algún lugar al final del universo.



[  ▽Δ▼  Beyond space-time, silence and boundaries (third stage)  ▼Δ▽  ]

[  ▽Δ▼  soon  ▼Δ▽  ]

20190122

:: hollow scream ::

Sabes, nunca he sentido realmente, de una forma definitiva, ese deseo o sentimiento de querer realmente algo, de amarlo hasta sus últimas consecuencias, de querer que mi vida misma sea eso hasta el último de sus días.

Quizá haya mucha gente que piense que algo así es muy triste, no lo sé, esa tristeza tampoco es perdurable al final, siempre existe algo que evita que caigas completamente al vacío. Te hundes y te hundes pero nunca llega el fin, siempre hay alguna forma nueva de caer aún más.

En el vacío sólo existen el silencio, la materia negra y tu.

Es lo mismo con la soledad, vivir bajo las reglas de la forma de vida que llevamos en esta época evita que puedas sentir algo así verdaderamente. Nunca he podido sentir ese sentimiento, esa sensación de soledad o de desamparo absolutos que me lleven a hacer algo más allá de cubrir alguna necesidad básica. Todo lo valioso que podría haber construido a partir de ese punto se lo tragó la oscuridad que creció silenciosa detrás de la comodidad de una vida aparente, falsa, cierta únicamente como un recurso de supervivencia. Una mentira perfecta para una invisibilidad aparentemente perfecta también.

Hay raíces que no mueren hasta que se les quema. Siempre he creído que es algo de lo que deberían haber hecho hace mucho. Perdonan y permiten que el mal crezca llamando compasión o bondad a su cobardía, a su falta de valor para desprenderse incluso de las cosas que les lastiman.

He vivido gran parte de mi vida encerrado en una habitación sin ventanas, aislado del mundo, de la vida, del hombre común. Nunca quise ser un hombre común, sabía que algo dentro de mi no era igual, no quería ser igual, así que poco a poco esa “normalidad" se convirtió en el enemigo. Cada pedazo, cada pieza de sus engranajes se volvió un objetivo a derrumbar, una misión para demostrame que siempre hay un camino para lograr las cosas equivocadamente, aunque parezca que no. Y así es que, sin una guía clara o precisa más que el odio, comenzó este camino torcido que espero por fin termine muy pronto. Ya puedo comenzar a percibir cómo pequeñas esquirlas de mi alma se han ido desprendiendo, mi cuerpo, mi carga se va aligerando con los días, la espera sonríe aguardando el día final...

Y la luz..

20170325

|| LEJANÍA Y SILENCIO : JIMMY ||

Un día cálido de marzo todos en el pueblo dejaron de llamarlo Jaime y comenzaron a nombrarle Jimmy. No era afecto ni deferencia, era más bien una mezcla entre morbo, repugnancia, algo de temor.

Jimmy era un niño como cualquier otro, no era agraciado, ni muy sobresaliente. Su amabilidad rayaba muchas veces en la exageración; mucho más cuando trataba de ser amable con las niñas, sobre todo aquellas que le gustaban. Siempre cargaba una caja de chocolates y se le veía repartiendo por un lado o por otro su contenido, saludando y haciendo bromas que nadie entendía, pero que intentaban ser agradables.

Los días de cuaresma le gustaban, pese a que su rutina no cambiaba del común de sus demás días, ni cambiaría jamás. No se iría de vacaciones como algunos de sus compañeros. No iría a ningún otro lugar más allá del pueblo. No sabía siquiera si algo más allá le podría gustar, ese tipo de pensamientos no tenían cabida en su imaginación. Su madre trabajaría de nueva cuenta en el dispensario de la iglesia hasta entrada la tarde. Luego se iría al rosario y si había alguna procesión seguro también la podría encontrar por ahí, mezclada entre las demás caras dolientes que era regular encontrarse siempre.

Jimmy era un niño solitario, aunque solía tener muchos amigos. Eso no evitaba que fuera burla de algunos y víctima principal de ese grupito de tres que siempre molestaba a los demás. Algunas veces lo seguían mientras caminaba a su casa, le lanzaban piedras a lo lejos o se escondían entre las oquedades a lo largo de la vereda que cruzaba un tramo de bosque y aguardaban ahí para espantarlo, y siempre atinaban a hacerlo.

Un día lo hicieron correr desquiciado hasta que se le fue la voz del miedo. Luis, el mayor de esos tres lo amenazaba a la distancia con soltarle al perro de su hermano que llevaban a dar la vuelta. Un perro bastante bravo de esos negros espigados con los ojos como de diablo, que ladraba a cada cosa que veía con verdaderas ganas de acabar con ella. Solían traerlo bien atado siempre, ya habían tenido un par de accidentes con gente que no había salido muy bien librada tratando de correr del animal.

Pudo librarlos muerto de miedo, sólo un pensamiento lo mantenía persistente. Una cajita metálica encontrada en uno de los puestos del mercado con figuritas de unicornio hechas de chocolate que especialmente había comprado para Circe, la niña que realmente le gustaba por encima de todas las demás. Ese sueño lo hacía olvidar sus días no muy gratos siempre, las burlas de los otros niños cuando su mirada se quedaba absorta viéndola pasar. Algunas veces llegó incluso a descubrirse con la boca abierta, ruborizado por el duro escarnio de que era objeto. Nadie quería a Circe, pero él no entendía porqué. Mucho menos comprendía que los demás no encontraran en ella esas formas tan hermosas que creía descubrir a cada paso que la niña daba delante de él.

Ese día, mientras temblaba tratando de no hacer ruido para que los otros no lo descubrieran, alcanzó a ver a lo lejos algo que no pudo distinguir muy bien. Bajaba la niebla del cerro y comenzaba a cubrir lentamente el sendero inundando el bosque y todo lo que tocaba. Se sentía un frío no muy grato pero Jimmy se mantenía intacto, la ilusión de ver los ojos de Circe le daba ese valor que siempre le hacía falta.

Pasó un buen rato antes de darse cuenta de que los otros niños se habían marchado ya hace mucho. El camino por donde Jimmy se había ido a meter tenía demasiadas historias no muy gratas. La niebla les daba miedo y el perro se había parado en seco, se había callado y dio la media vuelta arrastrándolos de regreso.

Jimmy se fue incorporando para salir de la oquedad debajo de las raíces de un árbol muy grande donde había logrado ocultarse. Se dio cuenta que estaba solo y que no recordaba haber pasado por ese lugar antes. Conocía casi cada pedazo del campo, pero ese sitio en especial le daba un poco de calosfríos. Miró a todos lados y en efecto, no había nadie ya detrás de él. Miró hacia su derecha y a la distancia alcanzó a mirar esa cosa blancuzca que no lograba distinguir qué era.

Se fue acercando con cautela, en medio de la neblina tan densa que iba cubriendo todo apenas si lograba ver los demás árboles con los que trataba de no golpearse. Sin embargo, por alguna extraña causa la vereda permanecía intacta, como si la niebla le fuera abriendo el paso hacia eso que medio borroso y ajeno veía cada vez más cerca.

Una vez frente al bulto Jimmy se quedó mudo. No tenía forma que él conociera, no se movía, no hacía ruido alguno. Con la cajita de chocolates le pegó levemente y el bulto ni siquiera se movió, sólo emitió un ruido hueco, rasposo. No estaba asustado, pero un temor cada vez más grande iba haciendo presa de él, como una premonición de esas que te avisan cuando las cosas no están bien. Acercó la cara lentamente al costal maltratado que acababa de encontrar, estaba atado de un extremo a la base de un árbol. Eso no era normal.

Tuvo duda por un segundo, pero extendió la mano para ver qué tenía dentro, había encontrado una rasgadura del lado derecho, al abrir el hueco lo que sus ojos vieron fue algo que no olvidaría jamás, una cabeza con las cuencas vacías, la boca abierta en un grito seco, cabellos negros desmadejados, una mano sobresalía entre todo como pidiendo ayuda. Jimmy quiso alejarse corriendo del susto, pero al soltar el bulto cayó de espaldas frente al árbol atado sólo para ver como una mancha negra comenzaba a sobresalir por detrás, andrajoso, rasgado, unas manos largas con uñas sucias y rotas, largas, muy largas, pardo en medio de la niebla clarísima y densa. Lo último que Jimmy alcanzó a distinguir fue la cara del viejo en una mueca que le llenó de locura, como una sonrisa, como una burla, como una pesadilla insana.

Lo encontraron cuando ya comenzaba a entrar la noche. En el cielo la luna iluminaba con un octavo creciente como si fuese una burla. Júpiter brillaba más de lo habitual coronándola. Jimmy vagaba como sin sentido, sólo caminaba, sus pasos no iban hacia ningún lugar; su cara con la sonrisa helada y en las manos la cajita metálica de chocolates que nunca podría entregar. Su madre corrió a abrazarlo mientras las demás gentes que la acompañaban, aparentemente más tranquilas comenzaban a murmurar.

Nunca nadie volvió a hablar de ese día. Ni a pisar ese camino en medio del bosque. Sólo Jimmy y su cajita metálica transitaban por ahí casi a diario. Encontraron a Circe al día siguiente. Los perros y otros animales ya habían comenzado a comerse pedazos de la niña. Nadie supo nunca quién la mató ni porqué el costal estaba atado al árbol. Los pocos que se atrevían a hablar una que otra palabra muy bajito, como susurrando, decían que había sido el Viejo del Costal; que por eso nadie se acercaba a esa parte del bosque. Entonces se hacía el silencio y cambiaban de tema.

Jimmy nunca recordó nada, ni siquiera hablaba de ello. Siempre creyó que los padres de Circe se la habían llevado del pueblo. Su vida era triste pero nada cambiaba en ella, todo parecía igual que siempre. Deambulaba con su cajita de unicornios como buscando el camino hacia su amor perdido. Sólo en medio de la niebla, por esa vereda del bosque donde nadie nuca más lo volvió a molestar.

20170318

|| LEJANÍA Y SILENCIO : LA COYOTA ||

La noche susurra en ecos espirales tras los pasos que alguien da detrás de mi. No hay sombras, no hay espejismos que inunden la imaginación errabunda.

Huele a tortilla quemada, almizcle vago y sofocante. Dicen las lenguas oriundas que cuando huele así es por que anda cerca el Coyote, que vaga por el campo buscando a quién hurtarle algo de valor, la comida o de quién tomar ventaja. O a veces también lo que busca es venganza. Dicen que si tuviste el desatino de meterte con su hembra es mejor que le huyas, si no seguro te alcanza. Que luego de matarte ahorcado la boca te deja llena de sus propias heces. Tirado sin que nadie se digne siquiera a tocarte o levantarte, dorado al sol, maldecido y manchado para siempre.

Camino bajo un cielo inundado de luceros brillantes, es marzo, la lluvia ha dejado un aroma casi hipnótico mezcla de tierra humedecida y yerba nueva. El viento arrecia, me recuerda que he pasado lo peor, ya no hay frío que me hiele, siento cálida la espalda, hoy ni los perros salen al paso a saludar, las luces del pueblo van quedando cada vez más lejanas.

Fidel ha dicho que antier hicieron correr despavorido a uno de los ingenieros, siempre presumen de valentía, pero huyen al primer ruido desconocido, al primer cuento de espantos que les platican.

La alcantarilla es un lugar extraño, dicen que algunas noches la bruja baja hasta ella para hacer cosas que nadie quiere mirar, mucho menos saber.

He andado tantas veces ese camino a oscuras que de repente olvido las advertencias que no dejan de hacerme. ¿Qué podría pasar? Dicen que le ando buscando tres pies al gato. Nadie entiende porqué me gusta caminar solo, alejarme por esas veredas donde ninguno quiere vivir ya.

Antier entró un chaneque a visitarme, me despertó a media madrugada, revoloteaba atorado entre la bolsa de mi ropa sucia, no quiso decirme que buscaba. Seguro algún pedazo de galleta varado entre las bolsas de los pantalones. Quizá algún secreto de esos que luego olvido escrito en pedacitos de papel.

Prendí la lampara que cargo en las llaves, salió corriendo con su traje negro de ratón, no quiso dejarme verlo, nada le costaba, pero se escabulló por una rendija al lado de la puerta del zaguán. Tuve que meterle un rollo de papel a toda la orilla para que me dejara dormir.

Ayer mandó a su primo, prieto y lento. Lo encontré de nuevo hurgando la ropa vestido de escarabajo. -¿Qué caramba quieren?- Le pregunté. Sólo movía las patitas intentando caminar sin decir nada. Lo tomé con un pedazo de hoja de papel y de un puntapié lo mandé volando al jardín, ya era suficiente noche para dejarme en paz.

Sin embargo, ya no puede dormir. O eso creí. Los sueños regresaban y se entrecruzaban a pedazos disparejos. De repente muchos colores, de repente de un lado aparecía en otro. Nunca supe de quién era esa cara, quién era la que me acompañaba. El olor a rosas era tan penetrante que me inundaba por completo. Me sofocó hasta que perdí la noción del tiempo.

Por la mañana mientras caminaba entre la niebla para calentarme un poco, encontré una estrellita de papel verde metida en la bolsa derecha del pantalón. No le hice caso y la dejé tirada entre la yerba.

Escuché unos pasos detrás, gire para ver por encima del hombro, era Fidel con la estrellita de papel en la mano, más espantado que contento como del diario. Se acercó con paso recio y únicamente dijo: -vecino, mejor que tenga cuidado, dicen que la Coyota lo anda buscando, anoche anduvo ahí dando vueltas por su casa, todos estaban bien encerrados, nadie quiere que lo agarre de encargo, luego sale peor la cosa, ya le dije, acuérdese de las rosas, a eso huele cuando anda cerca.-

Siguió su camino luego de enseñarme la estrellita que ya no era verde, iba perdiendo el color como si se derritiera. Un diente de animal quedó sólo en su mano, lo dejó ahí tirado frente a mí y siguió hasta perderse entre la neblina. Miré a mis pies pero ya no había nada.

Alcé los hombros y continúe caminando sin hacer caso, un ligero aroma a rosas se volvía a percibir entre el vaho que se iba quedando pardo a mis espaldas.

20160922

Aod en los ojos de Ute

[ Esta es la transcripción de la carta hallada en el departamento donde se encontró un cuerpo completamente desollado y en una extraña condición de descomposición. La identidad, causas de muerte, edad y género del cuerpo siguen sin determinarse. La dueña del departamento tampoco ha sido encontrada aún, así como la persona que escribió el texto. ]  

"A veces me pregunto si mis decisiones, tomadas siempre muy a despecho e impulsivamente, son las correctas aunque sé que no lo son.

En cierto universo paralelo, del cuál me voy alejando cada vez más, son verdades que cristalizan en algo que se va convirtiendo en olvido, en impertinencia, en desánimo, en odio, en muerte. Esas ilusiones se difuminan tocándose intermitentemente. Son límite la una de la otra, su frontera y su inicio también.

De esa noche recuerdo aún los aromas que persistían al día siguiente en mis manos; a la izquierda la penumbra del deseo, a la derecha residuos de esa habitual cotidianidad, de tu verdadero ser. Sin embargo, he olvidado ya tu cara o ese fulgor que irradiaba de tus ojos aún cuando ya no podías verme; cuando el sentido de nuestros sentidos ya había dejado de tener trascendencia. Ya no había nada más que esperar, qué hacer, qué desear.

Todo gira en un espiral que se engulle a sí mismo para después renacer en algún otro lugar, vivo entre las cenizas de su propia maldición.

Ivo canta de nuevo bajo las sombras, el silencio lo acompaña, unge sus alas de penumbra, de soledad, de locura."


1.
- Encontramos esta carta junto al cuerpo, estaba hecha un cubo de origami. -, dijo el oficial mientras escrutaba con esos ojos secos todo alrededor del cuarto. Las pinturas, las fotografías, cada hoja de papel regada por las esquinas, sus compañeros rebuscaban entre los libros, entre las libretas, entre cada rincón de polvo que pudieron hallar.
- ¿Cuándo fue la última vez que le vio?, sabemos que eran amigos.
- No sé qué decirle señor, serán... dos, tres meses, estuvimos algo distantes en últimas fechas.
- ¿Algún motivo en especial?
- Ninguno señor, simplemente nos frecuentábamos sólo lo necesario.
- ¿Le dice algo lo que le acabo de leer? Alguna idea de..., ¡bahh! olvídelo...  Nos vamos a llevar todo este material, ya le estaremos visitando si algo más se nos ocurre.

El oficial dio media vuelta detrás de los otros que llevaban un par de cajas con mis cuadernos de notas, hojas sueltas, fotos, libros, cd's. Era demasiado evidente que lo que les urgía era largarse de este lugar, les incomodaba seguir removiendo cada pedazo de basura acumulada aquí por años tras años y seguir sin encontrar absolutamente nada de lo que habían venido a buscar. ¿Y qué era lo que habían venido a buscar?, en primer lugar.



2.
Supe que Ute había muerto en el mismo instante de abrir los ojos. Este no era el lugar donde tenía anclados mis últimos recuerdos. De hecho mis últimos recuerdos se sentían tan distantes que tuve que entrecerrar un poco los párpados para intentar enfocarlos.

Anduve por las habitaciones intentando no perder el casi nulo equilibrio del que aún podía disponer. Estos despertares suele ser bastante confusos, como intentar ir armando un rompecabezas con las piezas de algo que no logras recordar completamente. Mis manos sin mis manos. Mi pensamiento sin pensamientos. Mi mirada sin mirada.

Me detuve frente a la imagen en el espejo que intenté reconocer, pero que en ese instante aún me era bastante ajena, aunque la reconocía, me reconocía en ella. Nombres se arremolinaban en mi cabeza como flashazos: Aura, Yol, Santa, Maude, Ollin, Ute, Aod, Ivo… ¿Ivo? ¿Quién demonios era Ivo?

La confusión me colmaba, me nublaba, pero cada segundo de falacia era igualmente una certidumbre. Cada escena que se mostraba sin sentido era un recuerdo que comenzaba a entrelazar sus venas en mi subconsciente. A cada segundo se iba armando ese yo que parecía ser, pero que nunca era en realidad. ¿Qué era yo? ¿Quién era yo?

Comencé a recordar cada paso hasta ese momento, lento, difuso. Las imágenes se volcaron y se sucedieron una tras otra como un dominó enlazado que comienza a derrumbarse y deja entrever en su otra forma un enorme ouroboros en llamas.


3.
Un corte casi perfecto y limpio de la coronilla al perineo, recorriendo la cadena sinuosa de la espalda y el cuello. La sangre coagulada pegada al músculo sin desprenderse, como una gelatina viscosa dejando que la piel se desprenda suave, como un guante hecho a la medida.

Dos ojos inertes frente la espejo, la mirada turbia, vacía. La pequeña gata lamiendo las bolutas de restos entre los charcos que aún hay por toda la duela del piso.


4.
Ute se quedó dormida mientras el silencio hacia uno de sus huecos recurrentes en la plática y en medio del cansancio, tras un breve parpadeo sus ojos no resistieron más y simplemente fueron cediendo hasta caer en un inducido sueño profundo, absoluto. Se quedó mirándola un rato mientras también se iba nublando la vaga idea de conciencia que aún le quedaba. Ese atisbo de euforia que le había llevado a ese lugar a ese momento, a ese cuerpo.

La sombra de Ivo se levantó y con una cínica sonrisa anduvo de un lado a otro por la estancia, olisqueando, revisando cada rincón como un animal en busca de rastros. Tomó con tacto ligero las esquinas de la mesa de cristal del centro y la arrastró hacia una esquina del apartamento dejando libre un espacio amplio en la madera un tanto desgastada pero aún brillante del piso.

A contraluz, su silueta eran una sucesión de rayones pardos y oscuros contrastando sobre un destello ambarino, opaco, pálido, palpitante.

Eso que parecía ser un cuerpo, una sombra, algo, metió la punta de un listón de seda ancho por entre el hueco de la axila derecha de Ute, rodeó su espalda abrazándola lento, sin prisas; retomó el extremo asomando por la axila izquierda y lo fue jalando hasta que ambas puntas se unieron equilibrando en su centro todo el peso de esa lánguida existencia inerte que comenzó a balancearse muy ligeramente, como un péndulo en el centro del lugar.

La mancha palpitante alzó ambas manos que comenzaron a desmadejarse en filamentos de apariencia metálica y tornasolada para después ir tomando forma de dedos largos y afilados en ambas extremidades. Tomó la capa de piel que se humedecía debajo de la cabellera larga y tinta de Ute, justo al centro del hueso frontal del cráneo, y la fue liberando hacia abajo de esa atadura viscosa y tibia que es en lo que ahora se convertía su cuerpo mientras lo despojaban milímetro a milímetro de su hermosa funda.


5.
El tacto suave de la piel de Ute sigue viviendo en las huellas de mis manos a cada segundo. Respiro su aroma. Aún puedo llegar a intuir algunas veces el palpitar de su sangre, la profundidad de su sueño al dormir. Es extrañamente peculiar sentirla dentro de mi, aún después de tanto tiempo, más que como el recuerdo que es, como una sensación.

La policía nunca pudo determinar si el cuerpo encontrado en su casa era el de ella, el de quien escribiera la carta o el de alguien más. Dicen que la masa amorfa que se llevaron de ahí comenzó a desintegrarse hasta que no quedó absolutamente nada de ella. Un mero amontonamiento de células y proteínas sin rasgos genéticos específicos. Como una gelatina hecha en algún laboratorio y abandonada en ese lugar.

Nunca se supo tampoco nada de las palabras dejadas en la nota, ni de quién las haya dejado escritas. Creyeron que podía haber sido una nota suicida, pero la descartaron revisando la historia de Ute. No existía en ella un sólo rasgo que lo confirmara. Ella nunca habría hecho algo así, ni habría abandonado su casa y su vida sin más.

Mis cosas regresaron también. Mis libros, mis cuadernos, mis fotografías, mis cuadros, cada hoja polvorienta que se habían llevado de cada rincón polvoso de casa.

Todo vuelve aquí una vez más a su orden, a su penumbra de realidad...

Los ojos de Ute ahora ven nuevamente desde los ojos de Aod, de estos ojos, de la persistencia de esta sed que comienza a palpitarme desde dentro, desde esa sombra oscura e invisible que aún hoy sigo sin vislumbrar…

20160326

:: Berserker Remains ::


Dicen que camina entre el viento
ondeando tesituras heridas
tocando huecos entre las almas;
dicen que es un ave sin nido
un volado al aire
la moneda que se borra entre los dedos...


Dicen que entre la sombra
hay miradas que crepitan aliento,
humores trastocados por el alba;
dicen que el silencio agota
que ennegrece la mirada
que acaba comiéndose pedacitos de calma...


Dicen que debe callar, que debe pensar,
que debe dormir, que debe ser más,
que tienda las manos y aprisione el mundo,
que cierre las garras y sea coraje;
dicen que no se pierde lo que nunca se tiene,
que los pasos solos trazan su ruta,
y que el olvido no tiene nombre...

20160220

:: starve ::

Aún no era media noche. No es media noche en ningún lugar, sólo en el sueño que lo arrastra a olvidar. A olvidar que olvida. Olvidar que se olvida.

Hay una curva al final del primer camino de entrada que le gusta ver mientras parpadea a cada segundo que ve pasar un color nuevo, el silencio suele ser tan colorido como el medio día en que comienzan a caer las sakuras.

Un pedazo de costra le arrastra por el brazo, pinta huellas nuevas donde el asedio del tiempo borra rastros de su mismo andar.

Lanza la hoja al aire, intentó quemarla una vez más y terminó por apagarse sin darle tiempo a reintentarlo, no quiere morir simplemente, no así. El beat de Romeo mientras muere tampoco lo desea, sabe a jazz y le salva de su propia tinta, mientras el pachuco hace la lucha.

La noche no intenta hacer su aire distinto, sigue esperando con los brazos abiertos, con la lengua humeante, desesperada por poseer un pequeño pedazo del brillo de la luna agazapado tras su mirada. El marco del ventanal se sigue dibujando estas mismas noches con ese resplandor.

El Encantador de Serpientes hace una mueca mientras resabe el chocolate ya frío, pero raso de escoria retenida por días y días de resilencia. Cierra la puerta del mueble con un golpe seco, sucio, desganado.

Tres circulos cierran a dos y uno más a otros tres, sin titubeos, el abrazo de la absenta reclama únicamente lo que brinda... el sueño de la razón...

20160206

:: silence pit ::

Camino con los ojos cerrados,
entre el infierno y algo más;
camino porque el cielo no soporta el paso
del infame que deja muerte a su sombra,
desolación y amargura,
suerte y destino...

Camino entre las sombras,
dando tropiezos que son olas en el viento,
emanando sueños,
deletreando enigmas,
transcribiendo puntos suspendidos en la nada...

Y la nada ilumina el despertar...

Camina el monstruo que surge al ocaso,
que mira y no ve,
que escucha y enmudece,
que amarra los tirantes del caleidoscopio,
que busca y deja limpias las comisuras del desencanto...

Camino entre los ojos que invocan la locura,
devaneo tras los días que se pierden en el olvido,
susurrando hechizos inocuos,
encantando parajes de arena,
tenues como una brisa,
oscuros como la palabra que se pinta en la memoria...

Las letras son hilos atados al silencio...

20160129

:: unseen ::

"Una palabra no cura el alma", se repetía mientras el frío hacía hueco entre sus huesos, delineando un pequeño estertor que le evitaba calertar las manos, los pies, el corazón...

"Una palabra no seduce la voluntad", se decía entrecerrando los ojos e imaginando cómo los pliegues de un pensamiento difuso armaban ese rompecabezas de caleidoscópicos azares tan entrañables...

"Una palabra no enamora un corazón, lo ata", dió vuelta ronrroneando, rumiando el malestar de la incredulidad, el hueco escondido en el silencio que perdura, en la cercanía del fantasma distante, en el saber que te da el no desear, el no querer, el no tener...

"Una palabra sólo es una palabra, pero es una navaja también", no sintió el vacío de sus manos que intentaban rodearle, no sintió el susurro de su voz perdiéndose entre las nubes sonrosadas por el alba, no imaginó que la solitud pudiera tener algún presente digno de atesorarse...

Giró las manos, desentumió los dedos de los pies, acarició sus párpados con el mismo aroma de su piel mortecina inundando la tela de la almohada y al voltear la cabeza su mirada solamente hizo un breve guiño complaciente al discurso grabado en el muro, oscurecido ahora por los primeros rayos diletantes de un nuevo despertar: "Una palabra menos, una palabra más, olvida el recuerdo, amarra los pasos, decanta tu temeridad, se yo, se tu, se todo, se nada, mi silencio te llamará..."

20131207

[ 131207.0130_circle ]

::  el mundo es hermosamente circular, igual que la historia y la vida...
están llenos de caminos que se cruzan, que se tocan tangentes y que a veces se unen en los mismos puntos por causas que creemos nada tiene que ver unas con otras...
los hilos están ahí, son constantes numéricas que le dan el sentido a todo...
hace 33 años mi vida fue tocada inexorablemente por la historia de un hombre: John Merrick; yo nada sabía de su historia, ni de la historia de quien había retratado la suya, pero de alguna forma todo eso cambió mi vida...  aún recuerdo las luces ambarinas de las lámparas en Paseo de la Reforma, mi caminar tambaleante porque mi incipiente mente apenas lograba procesar un golpe tan brutal...  todo se convirtió en un recuerdo difuso e intermitente que aún hoy me pregunto si realmente aconteció...
hace un par de días se acercó Ariel y me dijo: "papá, ¿de qué estaba enfermo John Merrick, qué fue lo que le pasó?"...
mi corazón resonó y sigue haciéndolo sin dejarme dormir...  encontró el libro con la historia de Merrick entre los cientos que tiene para escoger en nuestra biblioteca, le conté lo que se de su historia, me pidió permiso para leerlo y se lo di...
no dejo de pensar en cómo los hilos nos atan y nos unen, buscamos un plan para nuestro destino y para cada cosa que pasa, pero el plan está ya dibujado ahí, sólo hay que seguirlo y dejarlo que nos lleve...  en unas horas más uno de sus círculos se cierra y vendrá uno nuevo que nos traerá magia nueva...
::

20120327

|| until the end of the world... ||

120327.0007...  los números son magia, en el silencio sus pliegues se dejan mirar y devanean hilos a través de los cuales se atan nuestras historias, nuestros caminos, nuestras vidas...

hace 24090 días él comenzaba a ser, en 1874 días abandonará su esperanza; no hay nada escrito que no haya estado ya ahí, aguardando, esperando a ser...

mi camino ha dado muchas vueltas, tiene meandros que son espirales cuánticas; regreso cada tiempo a sentir un poco de la vida que ronda alrededor, me alimento de esa esencia, me hace llorar su sentido y todo está ahí dejando ver sus huellas, dejando algún rastro para no perderse en el intento...

mi camino ha dado muchas vueltas y hoy, el mío, este camino agreste se vuelve silencio una vez más, me lleva lejos, me olvida en su oscuridad...

120327.0025...  y aquí estamos, en la antesala del fin del mundo, creando mundos nuevos, creando vida donde la muerte reina, imaginando en el sueño de la noche los hilos que unen las letras y los números que deben ser...

tengo un hijo que nació un día sin tiempo, tengo otro que tuvo la voluntad de nacer a su sabia voluntad, que se volvió un oráculo y ha sellado mi destino...

tengo la suerte de ...poder ser la nada y la suerte de tener la suerte que nadie desea, de ser el silencio y tener la fuerza para caminar a ciegas...

tengo una mujer que olvida lo que debe ser olvidado y que no le teme a nada mientras mis manos estén detrás de ella, tengo la suerte de tenerla y esa suerte esta escrita detrás de los números y detrás de la lluvia...

tengo la felicidad y la paz, la alegría y la fortuna, lo que necesito y estamos a punto de comenzar desde el final...

2358 días y nuestra barca se encamina a la mar una vez más...

120327.1100...  y ahora sí, el conteo vuelve a cero, la vida comienza de nuevo, el círculo se completa una vez más...

y hasta el fin del mundo...